viernes, 20 de marzo de 2009

El niño con el pijama de rayas

Terminé, en un abrir y cerrar de ojos, y sin darme cuenta, el libros El niño con el pijama de rayas, de John Boyne, una conmovedora y sencilla historia de dos niños que viven en un mundo diametralmente opuesto.
Tan sólo divididos por una alambrada de púas, Bruno y Shmuel, el primero alemán y el segundo judío, se encuentran ante un mundo inocente, que no han construido ellos y por lo tanto no pueden explicarse.
La interpretación de los hechos que suceden en un campo de concentración es hecha por estos dos niños de tan solo ocho años. Los conceptos de bondad y maldad (no del bien ni del mal, que es muy distinto) son vistos bajo la perspectiva de la inocencia.
Si bien el libro se toma algunas licencias, como lo es la relación pública entre Hitler y Eva Braun, son válidas y, hasta cierto punto necesarias. Lo importante es cuestionarnos como los adultos construimos un mundo que no necesariamente sea el que de niños soñamos. Un mundo sin distinción de razas, credos o ideologías. Este es posiblemente el gran logro de la obra de Boyne: el cuestionarse constantemente.
La novela está ambientada en la Segunda Guerra Mundial y el gran peligro es creer que esos hechos ocurrieron en el pasado y que ya hemos superado esas diferencias y problemas. Lo peor del caso es que la situación de discriminación, segregación y odio entre los seres humanos no ha terminado. Ahí sigue la lucha entre culturas que nos creemos poseedoras de la verdad y llamados por dios (sí, dios con minúscula; Dios eligió a todos) para matar a los que no lo interpretamos bajo nuestra perspectiva.
Sólo esperemos que dentro de 50 años, no salga otro libro con las atrocidades que los adultos estamos haciendo ahora y que alguien diga “que estúpidos eran al principio del siglo XXI”.

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