Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas
miércoles, 4 de marzo de 2015
Nuestra Madre
Nuestra madre supo educar a sus diez hijos sin necesidad de instructivos ni cursos especiales. Nuestra madre tenía algo más poderoso para ponernos en orden. No importaba que tan lejos te sentaras de ella en la mesa, una mirada o un pellizco enderezaba a cualquiera.
Nuestra madre tampoco estudió para chef, pero de su cocina salían olores que pasaban más allá de la frontera de la casa. Lengua en pipián, asado de puerco, frijoles de la olla, todo delicioso.
Nuestra madre sólo cursó hasta sexto de primaria, pero tuvo la inteligencia de llenar de libros la casa. Los estantes se iban cargando y de pronto aparecían por arte de magia enciclopedias que nos sacaban de dudas a todos.
Nuestra madre nunca tomó una clase de arte, pero se paró maravillada a contemplar la Mona Liza, el Nacimiento de Venus o el David,
Nuestra madre nuca hizo aeróbics, pilates o zumba. Pero a sus casi 70 años subió la cúpula de San Pedro sin quejarse ni cansarse.
Nuestra madre no era aventurera, ni manejó un automóvil, tampoco se tiró de un paracaídas, pero se subió al tren en Disney y juró no volver a hacerlo.
Nuestra madre, no fue la mejor educadora del mundo... pero fue nuestra madre.
Nuestra madre no fue la mejor cocinera del mundo... pero fue nuestra madre.
Nuestra madre no obtuvo licenciaturas ni doctorados... pero fue nuestra madre.
Nuestra madre posiblemente no era la más hermosa del mundo... pero fue nuestra madre.
Nuestra madre no sabía diferenciar entre Leonardo y Miguel Angel... pero fue nuestra madre.
Creemos que la vida es una carrera con un principio y un fin, que en ocasiones se recorre en un día y en otras en 100 años. Pero la vida es algo más que eso. La vida es una carrera de relevos, donde nuestros padres nos pasan la estafeta para continuar con sus valores, creencias y costumbres.
Las personas nunca mueren si sabemos tomar esa estafeta para pasarla a las siguientes generaciones. Nuestra madre nunca morirá.
Nuestra madre nos ha heredado una cultura, un amor a nuestras tradiciones y costumbres que este mundo globalizado ha intentado destruir.
Nuestra madre nos ha heredado una religión que cree en el amor al prójimo, en el perdón. Una religión que reza, pero también actúa, lucha y vive por sus semejantes.
Nos toca ahora a nosotros tomar esta estafeta, nos toca ahora a nosotros luchar por esos valores, esas creencias y esa cultura.
¡Viva la vida!
¡Viva Zenaida!
¡Viva doña Bertha!
Viva mi madre.
Padre... Misión cumplida
Gracias, muchas gracias por su compañía.
Que Dios los bendiga
viernes, 6 de noviembre de 2009
La obra de Rulo

Estos son sólo unos ejemplo de la obra de mi sobrino Raúl Hernández Andujo. En la familia lo conocemos como Rulo y es un artista extraordinario. Cada vez que reviso su trabajo me sorprende con algo nuevo, difícil de explicar, pero de una sencillez que llega a explicar sus sentimientos y se reinterpretan los propios. Espero que disfruten su trabajo de la misma forma en que yo lo disfruto.
domingo, 22 de marzo de 2009
Familia A
Fotografías familiares
Mi madre y yo

Familia P-A

Familia A-H

Familia L-A

Familia H- A

Familia T-A

Familia M-A

Familia A-R

Familia A-V

Familia A-V

Daniel, Fernando, Mario, Mónica, Beatriz, Pancho, Elvia, Julio (De pie)
Lupe V., Jorge, Mamá, silla de mi Padre, Lupe, Adela, Elisa, Melisa (Sentados)
Kary, Úrsula, Sara y Rulo (En el piso)

LOS DIEZ
Mario (yo), Elisa, Jorge, Julio, Tichi y Daniel (De pié)
Elvia, mamá, Mónica, (el espacio vacío de mi padre) y Lupe (sentados)
Fernando (en el piso)

Elisa, Karina, Lety, Beatriz, Úrsula, Jimena, Sara, Camila y Melisa (De izquierda a derecha y de arriba a abajo)

Mis hermanos, Lupe y Julio

Mi sobrino Rulo, mi hermana Elvia y mi cuñado Raúl

Mi madre y su hermano, mi tío Beto
Familia P-A
Familia A-H
Familia L-A
Familia H- A
Familia T-A
Familia M-A
Familia A-R
Familia A-V
Familia A-V
Daniel, Fernando, Mario, Mónica, Beatriz, Pancho, Elvia, Julio (De pie)
Lupe V., Jorge, Mamá, silla de mi Padre, Lupe, Adela, Elisa, Melisa (Sentados)
Kary, Úrsula, Sara y Rulo (En el piso)
LOS DIEZ
Mario (yo), Elisa, Jorge, Julio, Tichi y Daniel (De pié)
Elvia, mamá, Mónica, (el espacio vacío de mi padre) y Lupe (sentados)
Fernando (en el piso)
Elisa, Karina, Lety, Beatriz, Úrsula, Jimena, Sara, Camila y Melisa (De izquierda a derecha y de arriba a abajo)
Mis hermanos, Lupe y Julio
Mi sobrino Rulo, mi hermana Elvia y mi cuñado Raúl
Mi madre y su hermano, mi tío Beto
sábado, 21 de marzo de 2009
El cumpleaños de mi Madre
Hoy celebramos el cumpleaños 85 de mi madre. Está mujer, Bertha, como muchas otras que hay en el mundo, se casó a los 16 años y junto con mi padre procreó y educó 10 hijos. En la fotografía hay un lugar vacío; es el lugar de mi padre, Daniel, sin el cual ninguno de nosotros estaría en la foto, cómodamente, platicando de política o de la crisis económica. Es tan fácil hablar de crisis, política y negocios, con una cerveza en la mano y con la panza llena.
Eso lo podemos hacer gracias a Daniel y Bertha. Ninguno de los dos tuvo algo especial; eran gente sencilla y común. Su vida fue como la de tantos mexicanos. Originarios de un pequeño pueblo de Chihuahua (Rosales), sus estudios apenas llegaron al sexto grado.
Tampoco eran grandes viajeros. Mi padre apenas llegó a cruzar el río Bravo para ir con el doctor y al sur no conoció más allá de la ciudad de México. Mi madre, una vez que murió mi padre, pudimos llevarla a conocer Estados Unidos y Europa. Con tan poca educación, en mi casa nunca faltaron los libros. Recuerdo que constantemente llegaban a mi casa enciclopedias, libros de historia, verdaderos tesoros que aún conservo. Ninguno de los dos era un intelectual, sus conversaciones eran simples, sencillas y con órdenes claras y simples. “Come” no había ninguna explicación extra, ni sermones de nutrición, balance alimenticio, o cosas parecidas. “Estudia” punto. Eso era todo lo que había que saber de la vida, no había razones, sólo intuiciones. Mi madre creía que había que comer verduras, pues las comíamos. Mi padre quería que tuviéramos una vida distinta a la de él, pues habría que estudiar. Nuca oí un reclamo del costo de las colegiaturas o de los libros. Posiblemente no había para vacaciones o para la fiesta de 15 años; tampoco podíamos pensar en tener carro para cada uno (había sólo uno para todos). No podíamos pensar en las mejores vacaciones, pero sí en la mejor escuela. No planeábamos nuestras fiestas de cumpleaños, pero si nuestra vida.
Sé que pasaron momentos económicos difíciles, pero nunca los discutieron frente a nosotros. Mi padre no era cariñoso, pero siempre se despedía de nosotros con un beso. Y mi madre siempre ahí, empujando, pidiendo, exigiendo; siempre ha querido más, no con el fin de acumular, si no con el fin de ser mejores.
Tengo muchos recuerdos. Tal vez sólo han quedado los buenos, los agradables. Es un hecho que hubo (y hay) cosas que no me gustaban de mis padres, pero han dejado un buen sabor de boca. No puedo olvidar los preparativos de Navidad. Hacer tamales era toda una aventura en la que participábamos todos; a veces a regañadientes, pero todos metíamos mano a la masa. También recuerdo cuando había membrillos era ponernos todos bajo las órdenes de mi madre. Órdenes que no se discutían, se cumplían.
En más de una ocasión me he preguntado de donde a mis padres les venía la sabiduría para educar a 10 hijos. Ninguno de los dos asistieron a una escuela para Padres. Nos educaban más con el corazón que con la razón.
Cuando me tocó el turno de continuar mis estudios profesionales y decidirme ir a Monterrey, mi padre me dio un consejo que aún se los digo a mis alumnos. “Debes de estudiar no para ganar dinero, sino para ser alguien en la vida”. Parece un consejo sencillo, pero para mi padre el dinero no significaba “ser alguien en la vida”. Ser alguien era algo más que tener una posición económica desahogada. Ser alguien era ser feliz. Y gracias a ellos lo soy.
Gracias Daniel y Bertha por enseñarme a ser feliz. Dios los bendiga a ustedes y a las generaciones que han dejado.
Hoy en el cumpleaños 85 de mi madre, sólo había una silla vacía, no sé mañana.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
