domingo, 22 de marzo de 2009

Familia A

Son tres generaciones producidas por Daniel y Bertha: 10 hijos, 23 nietos y 11 bisnietos (más dos más que están por llegar).

Fotografías familiares

Mi madre y yo

Familia P-A

Familia A-H

Familia L-A

Familia H- A

Familia T-A

Familia M-A

Familia A-R

Familia A-V

Familia A-V

Daniel, Fernando, Mario, Mónica, Beatriz, Pancho, Elvia, Julio (De pie)
Lupe V., Jorge, Mamá, silla de mi Padre, Lupe, Adela, Elisa, Melisa (Sentados)
Kary, Úrsula, Sara y Rulo (En el piso)

LOS DIEZ
Mario (yo), Elisa, Jorge, Julio, Tichi y Daniel (De pié)
Elvia, mamá, Mónica, (el espacio vacío de mi padre) y Lupe (sentados)
Fernando (en el piso)

Elisa, Karina, Lety, Beatriz, Úrsula, Jimena, Sara, Camila y Melisa (De izquierda a derecha y de arriba a abajo)

Mis hermanos, Lupe y Julio

Mi sobrino Rulo, mi hermana Elvia y mi cuñado Raúl

Mi madre y su hermano, mi tío Beto

sábado, 21 de marzo de 2009

El cumpleaños de mi Madre


Hoy celebramos el cumpleaños 85 de mi madre. Está mujer, Bertha, como muchas otras que hay en el mundo, se casó a los 16 años y junto con mi padre procreó y educó 10 hijos. En la fotografía hay un lugar vacío; es el lugar de mi padre, Daniel, sin el cual ninguno de nosotros estaría en la foto, cómodamente, platicando de política o de la crisis económica. Es tan fácil hablar de crisis, política y negocios, con una cerveza en la mano y con la panza llena.
Eso lo podemos hacer gracias a Daniel y Bertha. Ninguno de los dos tuvo algo especial; eran gente sencilla y común. Su vida fue como la de tantos mexicanos. Originarios de un pequeño pueblo de Chihuahua (Rosales), sus estudios apenas llegaron al sexto grado.
Tampoco eran grandes viajeros. Mi padre apenas llegó a cruzar el río Bravo para ir con el doctor y al sur no conoció más allá de la ciudad de México. Mi madre, una vez que murió mi padre, pudimos llevarla a conocer Estados Unidos y Europa. Con tan poca educación, en mi casa nunca faltaron los libros. Recuerdo que constantemente llegaban a mi casa enciclopedias, libros de historia, verdaderos tesoros que aún conservo. Ninguno de los dos era un intelectual, sus conversaciones eran simples, sencillas y con órdenes claras y simples. “Come” no había ninguna explicación extra, ni sermones de nutrición, balance alimenticio, o cosas parecidas. “Estudia” punto. Eso era todo lo que había que saber de la vida, no había razones, sólo intuiciones. Mi madre creía que había que comer verduras, pues las comíamos. Mi padre quería que tuviéramos una vida distinta a la de él, pues habría que estudiar. Nuca oí un reclamo del costo de las colegiaturas o de los libros. Posiblemente no había para vacaciones o para la fiesta de 15 años; tampoco podíamos pensar en tener carro para cada uno (había sólo uno para todos). No podíamos pensar en las mejores vacaciones, pero sí en la mejor escuela. No planeábamos nuestras fiestas de cumpleaños, pero si nuestra vida.
Sé que pasaron momentos económicos difíciles, pero nunca los discutieron frente a nosotros. Mi padre no era cariñoso, pero siempre se despedía de nosotros con un beso. Y mi madre siempre ahí, empujando, pidiendo, exigiendo; siempre ha querido más, no con el fin de acumular, si no con el fin de ser mejores.
Tengo muchos recuerdos. Tal vez sólo han quedado los buenos, los agradables. Es un hecho que hubo (y hay) cosas que no me gustaban de mis padres, pero han dejado un buen sabor de boca. No puedo olvidar los preparativos de Navidad. Hacer tamales era toda una aventura en la que participábamos todos; a veces a regañadientes, pero todos metíamos mano a la masa. También recuerdo cuando había membrillos era ponernos todos bajo las órdenes de mi madre. Órdenes que no se discutían, se cumplían.
En más de una ocasión me he preguntado de donde a mis padres les venía la sabiduría para educar a 10 hijos. Ninguno de los dos asistieron a una escuela para Padres. Nos educaban más con el corazón que con la razón.
Cuando me tocó el turno de continuar mis estudios profesionales y decidirme ir a Monterrey, mi padre me dio un consejo que aún se los digo a mis alumnos. “Debes de estudiar no para ganar dinero, sino para ser alguien en la vida”. Parece un consejo sencillo, pero para mi padre el dinero no significaba “ser alguien en la vida”. Ser alguien era algo más que tener una posición económica desahogada. Ser alguien era ser feliz. Y gracias a ellos lo soy.
Gracias Daniel y Bertha por enseñarme a ser feliz. Dios los bendiga a ustedes y a las generaciones que han dejado.
Hoy en el cumpleaños 85 de mi madre, sólo había una silla vacía, no sé mañana.

viernes, 20 de marzo de 2009

El niño con el pijama de rayas

Terminé, en un abrir y cerrar de ojos, y sin darme cuenta, el libros El niño con el pijama de rayas, de John Boyne, una conmovedora y sencilla historia de dos niños que viven en un mundo diametralmente opuesto.
Tan sólo divididos por una alambrada de púas, Bruno y Shmuel, el primero alemán y el segundo judío, se encuentran ante un mundo inocente, que no han construido ellos y por lo tanto no pueden explicarse.
La interpretación de los hechos que suceden en un campo de concentración es hecha por estos dos niños de tan solo ocho años. Los conceptos de bondad y maldad (no del bien ni del mal, que es muy distinto) son vistos bajo la perspectiva de la inocencia.
Si bien el libro se toma algunas licencias, como lo es la relación pública entre Hitler y Eva Braun, son válidas y, hasta cierto punto necesarias. Lo importante es cuestionarnos como los adultos construimos un mundo que no necesariamente sea el que de niños soñamos. Un mundo sin distinción de razas, credos o ideologías. Este es posiblemente el gran logro de la obra de Boyne: el cuestionarse constantemente.
La novela está ambientada en la Segunda Guerra Mundial y el gran peligro es creer que esos hechos ocurrieron en el pasado y que ya hemos superado esas diferencias y problemas. Lo peor del caso es que la situación de discriminación, segregación y odio entre los seres humanos no ha terminado. Ahí sigue la lucha entre culturas que nos creemos poseedoras de la verdad y llamados por dios (sí, dios con minúscula; Dios eligió a todos) para matar a los que no lo interpretamos bajo nuestra perspectiva.
Sólo esperemos que dentro de 50 años, no salga otro libro con las atrocidades que los adultos estamos haciendo ahora y que alguien diga “que estúpidos eran al principio del siglo XXI”.

martes, 17 de marzo de 2009

Del Chapo y Forbes

Hace unos días, Forbes publicó su tradicional lista de millonarios. Como si fuera la entrega de los Óscares, todos esperamos la lista con la esperanza de que nuestro nombre salga publicado, o la de un amigo cuando menos. Pero nada, una lista interminables de nombres donde no aparece ningún conocido al cual pedirle una chamba o un préstamo sin intereses. La lista se estaba haciendo aburrida. Lo único que interesaba era si Carlos Slim se mantenía en primero o bajaba al tercero.
Sin embargo, este año si trajo motivos para hablar y sacar notas y notas en los periódicos. Joaquín “El Chapo” Guzmán logró el sitio 701 entre los hombres y mujeres más ricos del mundo.
Puede parecer una noticia graciosa, simpática, excelente para comentar entre amigos en un juego de dominó y entre cerveza y cerveza. Estados Unidos no tardó en señalarnos como corruptos, capaces de crear grandes fortunas a costa de negocios ilegales y corruptos.
Aquí habría que preguntarse quién hizo la fortuna de El Chapo. Definitivamente, reunir mil millones de dólares no lo hizo vendiendo a los pocos mexicanos que pueden comprar a 100 dólares el gramo de cocaína (precios del 2005), ese dinero lo hizo vendiendo droga en los países en donde el ingreso per capita es superior a los 40 mil dólares, lo cual está muy lejos de lo que se percibe en los países en desarrollo.
Es Estados Unidos quien ha hecho millonario a El Chapo; ellos son los que han llenado los bolsillos de los cárteles de la droga con dinero. Estados Unidos es el primer país consumidor de droga, si eso es lo que quieren, eso es lo que El Chapo les vende. Creo que ningún colombiano, mexicano o venezolano ha obligado a los estadounidenses a consumir droga. La consumen porque quieren. Punto.
Con el típico razonamiento de los gringos, donde los culpables de sus problemas son los otros países. Para ellos, el culpable del terrorismo es Osama bin Laden, cuando son los primeros que han alimentado el odio y rencor entre los distintos pueblos del mundo.
En un mundo globalizado, no sólo se intercambian bienes y servicios; los problemas tampoco conocen de fronteras y se generan independientemente de ríos y muros. De igual forma, los problemas se originan en esa constante interacción.
El problema de la droga es complejo. Por una parte está la producción misma de la droga. A esto debemos de agregarle legislaciones obsoletas y fuera de todo contexto social y cultural, que distan mucho de ser un reflejo de la realidad. Si a esto se le agrega el problema del tráfico de armas, se convierte en una bomba de tiempo que tarde o temprano iba a estallar.
En estos tres puntos Estados Unidos tiene gran parte de la culpa. Para empezar, nadie produciría drogas si no hubiera un extenso mercado que la consumiera. Simple ley de la oferta y la demanda. Mientras los países desarrollados no reduzcan su consumo, los subdesarrollados seguirán produciéndola.
Las legislaciones, además son obsoletas. Nos asustamos y ponemos el grito en el cielo cada vez que se menciona la posibilidad de legalizar las drogas. Estados Unidos se da golpes de pecho y niega la realidad; sin embargo, con la mano en la cintura legalizan el aborto sin importarles que alguien sufre las consecuencias de los actos de otro. Las justificaciones para legalizar el aborto han sido que las mujeres tienen derecho a decidir sobre su cuerpo. Me pregunto ¿los drogadictos no lo tienen?. También se justifica el aborto diciendo que se impiden muchas muertes con los abortos clandestinos. Nuevamente, cabe preguntarse cuantas muertes podrán salvarse con la legalización de la droga bajo sistemas controlados. Las muertes directas por el consumo de drogas, en gran parte son por la calidad de las drogas que ingieren; las muertes indirectas (asesinatos, guerra entre cárteles, policías, etc.), son producto de la falta de esa legislación. Las leyes han intentado reducir el consumo de las drogas atacando al productor; al consumidor se le ve como una blanca palomita que ha caído en garras de las drogas. Sin embargo, con está lógica puritana, el cigarro lo han tratado de combatir con castigos al consumidor y alientan la producción. ¿Quién les entiende? Del problema de la legislación se derivan otro problema: la corrupción. Nadie aguanta un cañonazo de un millón de dólares… y El chapo tiene muchas balas para dar cañonazos.
El tercer problema es el del tráfico de armas. Estados Unidos nos culpa de permitir el paso de drogas a Estados Unidos, pero ellos no hacen nada por impedir el trafico de armas hacia nuestro país. Si entra droga a estados Unidos es porque ellos lo permiten y hay corruptos aquí y allá. Siempre me he preguntado donde están los distribuidores de drogas en estados Unidos, o porque no hay grandes decomisos de cocaína y marihuana. Pueden poner muros que impiden que un mexicano de no más de 70 kilos pase la frontera y no pueden impedir que una tonelada de marihuana brinque el río Bravo. Perdón, pero no encuentro la lógica.
El tema da mucho de que hablar. Por lo pronto, ahí quedan muchas preguntas que no he podido contestarme.
Y, como dice Brozo, si tienen tele… ahí se ven.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Lorenzo


Esta fotografía es el pie de Lorenzo, un niño tarahumara que me enseñó como usar el guarache de una correa

martes, 10 de marzo de 2009

Mensaje a destiempo

Sé que este mensaje es a destiempo, pero como me he propuesto, poco a poco, "subir" todos mis textos viejos, le toco ahora a mis textos de la Navidad de 2008.
La fotografía es de Creel, en el verano de 2008.




DIGAMOS NAVIDAD
Digamos Navidad
Digamos “paz en mí”
No paz en los otros
Paz en mí.
No pediré paz para otros
hasta conseguir mi paz.
Entonces, sólo entonces,
seré capaz de dar paz
y nuca más diré
“Paz ara ustedes”
Daré paz
Sólo eso
Dar paz

ANTES DE TI
Antes de ti
Sólo la palabra
Antes de ti
Analfabetos del amor
Antes de ti
Verbo perdido sin ser escuchado
Antes de ti
Letra sin camino

Tú llegada guía nuestros pasos
Hacia el amor al prójimo

lunes, 9 de marzo de 2009

Presentación del libro Crónicas de Naufragios

De la lectura amena de Mena
Antes que nada, quiero agradecer al Tecnológico de Monterrey y al Ing. Alonso Mena la invitación a participar en este ciclo de pláticas sobre lectura.
Cuando me hicieron la invitación para participar en una serie de pláticas con el fin de motivar a los jóvenes a la lectura, me pareció una proposición muy retadora. Tengo más de 25 años como profesor y al iniciar un curso siempre me digo “si logro que tan sólo un alumno lea un libro, me doy por bien servido.” A veces obtengo resultados mayores y otras, la mayoría, me conformo con que lean los apuntes del semestre.
Según estudios de la UNAM, en México, el 40% de las personas mayores de quince años no leyó ningún libro en un año; el 14% sólo leyó uno; otro 13%, dos; 18%, de tres a cinco; 8%, de seis a diez, y 7%, más de diez. Esto nos lleva a un analfabetismo potencial delicado.
Pero, ¿por qué tanta preocupación por leer? Si el primer homo sapiens data de casi 2 millones de años y la invención de la escritura apareció tan sólo poco más de 5 mil años, quiere decir que la humanidad vivió tranquilamente más de un millón y medio de años sin leer.
Sin embargo, con la invención de la escritura, el avance y desarrollo de la humanidad se disparó vertiginosamente. Esto significa, que de no promover la lectura, nos convertiremos en idiotas, incapaces de interpretar al mundo, borregos de los intereses de algunos cuantos.

Además de propiciar el desarrollo social, la lectura tiene varias funciones:
Primero, es un espejo. Gracias a la maravilla de la lectura podemos vernos reflejados en los personajes y explicarnos nuestra propia existencia. Después de leer El Extranjero de Camus, o Metamorfosis de Kafka, uno entiende nuestra propia soledad y se cuestiona la existencia. Alguien se atrevió y logró poner en su voz lo que nosotros pensábamos y no sabíamos como decirlo. Palabras que nunca nos habíamos atrevido a decir en público, las podemos leer y producir en nosotros una catarsis liberadora. Recuerdo cuando leí entre adultos la poesía “Canonicemos a las putas” de Jaime Sabines:
Das el placer, oh puta redentora del mundo, y nada pides a cambio sino unas monedas miserables.
¡Y después de decirlo, no me lavaron la boca con jabón! ¡Tampoco me enviaron a la cama sin cenar! Y me repetía para mis adentros “LO DIJE, LO DIJE!!!! DIJE PUTA EN FRENTE DE ADULTOS!!! Maldita palabra que traía atragantada en el cogote y por fin salió.
Una segunda función de la lectura es explicarnos nuestra cultura, nuestra historia, nuestras raíces. Todavía me doblo de risa cada vez que recuerdo mi lectura de “Los Pasos de López” de Jorge Ibargüengoitia y ver la otra cara de Miguel Hidalgo. Ibargüengoitia sacó al Hidalgo acartonado de los libros de texto de primaria, para convertirlo en un personaje de carne y hueso, real, simpático y, sobre todo, pecador.
Y que decir de Pedro Páramo de Juan Rulfo. No ha habido nadie que explique como él nuestros conceptos de la vida y la muerte, principio y fin del ser humano. Un México violento, tanto en sus relaciones de amor, desamor, hombre-mujer, machista y femenino (no feminista, hago la aclaración) se encuentra en las páginas de Pedro Páramo.
Gracias a la lectura de Carlos Fuentes, personalmente me siento orgulloso de mi mexicanidad, no de ese nacionalismo ramplón y puritano que se inclina ante la bandera, pero que niega sus pasados indígenas, españoles, árabes, orientales, mediterráneos, que se mezclan maravillosamente en esto que llamamos México, con todas sus virtudes y defectos
Una tercera función es conocer al otro, al diferente, al distinto; a ese que nunca seremos y que muchas veces negamos, ninguneamos, desacreditamos. La literatura nos permite acercarnos a la mujer, al homosexual, al pobre, al rico. Gracias a la lectura podemos entender lo que llevamos arrastrando por una educación malformadora. Y aquí quiero dejar claro que por entender no me refiero a ese sentido mercantilista del mundo contemporáneo. No, la literatura va más allá del simple “ tolerar” al diferente. La literatura va más en el sentido cristiano de “amar” al distinto.
Gracias a Ibsen y a Lorca podemos conocer a fondo el mundo de la mujer, sin pancartas feministas ni santificación de vírgenes. Gracias a Puig y a Donoso nos acercamos al mundo del homosexual y del trasvesti; con “Los Hijos de Sánchez”, Oscar Lewis nos presenta el mundo de la pobreza que queremos negar y cerramos los ojos ante la realidad. Y que decir del mundo erótico de Vargas Llosa en Elogio a la Madrastra y en Los cuadernos de Don Rigoberto; o el mundo del odio y el rencor de Oscar Wilde en De Profundis.
Me imagino que en estos momentos, Alonso Mena ya ha de estar pensando “A lo que te truje Chencho” y habla de mi libro.
¿Cómo cumple el libro Crónicas de Naufragios estas tres funciones?
La primera, aquella que nos permite reflejarnos y tener una catarsis, Mena lo logra maravillosamente y usa esas palabras prohibidas del lenguaje. Moco, cagar, semen, masturbación, mierda, salen del anonimato, se quitan la mascara y se presentan tal y como son: producto de nuestras perversiones, sueños y deseos. Ahí están, aunque no pronunciemos su nombre.
En segundo lugar, Mena retrata en sus relatos al nuevo mexicano, más cosmopolita, que ve más hacia fuera que hacia el propio país. El nuevo mexicano, alejado de las propuestas postrevolucionarias, que ve el problema de la dictadura porfirista y de la lucha armada como simples datos históricos que sucedieron alguna vez en un México lejano, es moderno, urbano, alejado del mundo rural idílico. En México ya no hay Pedros Infantes ni Jorges Negretes; ahora están Gael García Bernal y Diego Luna. Dos tipos de Cuidado cedieron su lugar a Rudo y Cursi. Esta es la nueva generación que ha dejado atrás los problemas de la tierra y del campo, para preocuparse por un pequeño espacio que llaman departamento. La lucha ahora no es por el arado y el azadón, la lucha ahora es por la ecología, la belleza, el placer. El realismo ha llegado para desplazar al idealismo.
Por último, y aquí está posiblemente el gran valor de la obra de Mena. Crónica de Naufragios nos acerca al desconocido, a ese nuevo mexicano incomprensible para los que pasamos de los 50´s. Gracias a Crónica de Naufragios he logrado entender a ese joven de antros, sexo y lenguaje indescifrable.
Pertenezco a una generación en que los estudiantes nos reuníamos en una casa y si el presupuesto lo permitía había algunas cervezas, cigarros y posiblemente algunos cacahuates. El espacio y la panza se llenaba con palabras y discusiones sin principio ni fin. Éramos criticados por nuestros padres como soñadores, inútiles, charrapastrosos que nos negábamos a cortarnos el pelo y a abandonar los pantalones de mezclilla que a gritos pedían una lavadora.
El joven de hoy vive el mundo del individualismo. Con la caída del muro de Berlín también se desmoronaron los antiguos conceptos de familia, educación, grupo, nación e individuo.
Esta nueva generación busca la fuente de la eterna juventud, del músculo y de la evasión de la realidad que le es adversa. Una realidad demandante, imposible de alcanzar, donde ahora todo es producto de consumo: Desde la libertad hasta el sexo tiene precio y se tiene que pagar por ello.
El cáncer es algo más que una enfermedad incurable: Es un producto comercial que se vende en pulseras y dijes. Lo mismo sucede con la paz, el homosexualismo, las drogas. La buena suerte se viste ahora de Feng Shui. Los adultos aliviamos la conciencia de los jóvenes poniéndoles moños y listones de color para distintas ocasiones y protestas y con eso nos llenamos los bolsillos de dinero. Esto es lo nuevo, todo está en la venta, hasta la conciencia.
También, esta nueva generación, indescifrable para mí, tiene un nuevo lenguaje. Con el celular ha surgido ese sistema de comunicación que los adultos, los viejos, no logramos entender. ¿Qué significa “K-R-I-D-O? Querido, estúpido,¿qué no sabes leer?. ¿xq? Pues, por qué. Y ¿K significa qué? En fin nueva generación, nuevo lenguaje. Mis padres se quejaban de mis “que onda” “Chido” (ahora es cool), “Neta” y “Bato”. Por eso ahora me tengo que tragar las K olímpicamente.
Además, esta nueva generación se enfrenta a un sinnúmero de decisiones que en ocasiones les impide discernir entre una cosa y otra. Ahora el antro debe de estar presente todos los fines de semana y ahí empiezan los problemas. Tienen que decidir no solamente si van o no van al antro: ¿Qué me pongo? ¿los calzones Calvin Klein o los Armani? ¿Loción Hugo Boss? ¿Pantalón Levis o Benetton?. Y eso sólo es el principio. Tienen que definir a CUAL antro ir. Una vez adentro no es solamente una cerveza lo que está en el menú. ¿Light? ¿Cero alcohol? ¿En Michelada?. O prefieren un güisqui ¿etiqueta negra, roja, azul? ¿Con agua, en las rocas? ¿O mejor la botella?
A estas alturas, el joven ya ha agotado su mente entre tantas decisiones que tomar. ¿Para que batallar ante la pregunta “¿quieres tener sexo conmigo esta noche?”?
Al igual que la nueva generación, en la obra de Alonso Mena, el gran protagonista es el Yo; el Otro no existe, es un objeto más, como el celular o el iPod, que se usa un momento y se deja a un lado. El Otro es sólo un objeto más en la vida del joven contemporáneo. Las relaciones de amistad se definen en función de su utilidad. Buscan al Otro no para crear un Nosotros, si no para esconder la terrible soledad en que se encuentran. No importa quien es la compañía, basta tomar el celular y marcar el sinnúmero de contactos que hay en el directorio. Se llama al primero y, si no puede al segundo, al tercero… uno ha de pegar. Y si no se consigue a nadie, no importa, en el antro siempre habrá otro solitario y conseguir una amistad para toda la vida, que de preferencia no durare más de cuatro horas, pero eso sí, con un nuevo número en el directorio del teléfono. Eso es ser post-modernista.
Gracias Alonso, por enfrentarse a ese mundo desconocido y, hasta antes de leerte, incomprensible para mí.
Ahora les toca a ustedes, adentrarse a este mundo, en el que les aseguro, se verán retratados ustedes y su cultura; entenderán al otro como un ser humano tan igual y tan diferente a ustedes mismos.

Para empezar

Después de varios “intentos” hoy me decido a iniciar mi Blog. Hace unas semanas, en una plática que di en el Tecnológico de Monterrey Campus Chihuahua, con motivo de la presentación del libro de el Ing. Alonso Mena, recomendé a los jóvenes estudiantes que no se esperaran a que alguien (editorial, escuela, gobierno, etc.) publicaran sus escritos.
Siempre lo he dicho, soy bueno ara dar consejos, muy malo para seguirlos. Lo poco que he escrito se ha perdido, en el mejor de los casos, en algún archivero, usado como papel de reciclado, o en el bote de la basura.
Las excusas para no escribir un Blog son muchas:
• No tengo tiempo.
• No tengo nada que decir.
• Odio los Blogs llenos de estupideces.
• Nadie me va a leer
• Que flojera
• Hoy tengo que revisar exámenes, mañana empiezo.
• Etcétera
• Etcétera
• Etcétera
Espero que ahora si vaya la buena. Esto va a ser como decidirse a hacer ejercicio… la bronca va a ser empezar.
Por lo tanto…
¡¡¡¡Empecemos!!!!