miércoles, 3 de julio de 2019
Mi madre
¿Quién fue mi madre?
No lo sé. Sí, la conocí físicamente; sí, conviví con ella por toda mi vida. Sí, recibí reclamos, regaños y consejos… pero no la conocí.
Nunca supe como decidía, junto con mi padre, como educarnos a mí y mis hermanos.
Nunca supe si mis regalos del 10 mayo era lo que esperaba. ¿Qué pasaba por su mente cuando el día de las madres yo llegaba con un espantoso cenicero hecho con palitos de paleta y canicas? ¡Y me lo agradecía! Sobre todo cuando ella no fumaba
Su escolaridad era mínima. Tan sólo llegó a sexto de primaria, pero nunca dejaba de contestarme cuando tenía una duda de la tarea.
¿Cómo le hacía? No lo sé, no la conocía.
Nunca tomó clases de psicología ni fue a la escuela para padres. Pero el pellizco y la chancla fueron sus mejores aliados en la educación de sus hijos. Sabía cuando pellizcar sin hacer más daño que un pequeño moretón en el brazo.
¿Como lo hacía? No lo sé, no la conocía.
En mi casa no había botiquín de primeros auxilios, pero siempre estaba presente la yerbabuena, el anís, yerba de la víbora, estafiate y mil yerbas más que curaban desde un dolor de muelas hasta un cólico. Para casos graves estaba el vick vaporub o la aspirina. Mi madre sabía que usar para cada caso y curaban mejor que cualquier receta de un doctor especialista.
¿Cómo le hacía? No lo sé, no la conocía.
En mi casa nunca había dinero para unas vacaciones o cualquier otra diversión, pero nunca faltaba una buena camisa y un buen pantalón bien planchados en el closet. Mi madre, y mi padre tampoco, nunca se quejaban cuando había que comprar un libro o pagar una colegiatura. Nunca preguntábamos el trabajo que se necesitaba para pagar todas nuestras necesidades. Mi madre no era economista, pero sabía que era necesario y que era superfluo.
¿Cómo le hacía? No lo sé, no la conocía.
Mi madre tampoco estudio gastronomía, pero sabía que deberíamos de comer frutas, verduras, fibra, proteínas… una comida perfectamente balanceada. Nunca comida chatarra. También lograba que donde comían dos podían comer tres, o cuatro o cinco o los que fueran necesarios. Agregar un poco de agua, algo de tomate y cebolla al guisado era suficiente para multiplicar la comida y que siguiera siendo deliciosa.
¿Cómo le hacía? No lo sé, no la conocía.
Ahora de adulto, todos los días me pregunto ¿cómo le hacía mi madre para ser educadora, psicóloga, economista, chef, gastrónoma, médica sin nunca haber tenido educación profesional?
No lo sé, no la conocía.
Pasado el tiempo, me he dado cuenta que a mi madre no le interesaba que la conociéramos, tampoco que le resolviéramos sus problemas o que supiéramos de sus necesidades. A mi madre le interesaba que nos conociéramos nosotros mismos; que aprendiéramos a resolver nuestros propios problemas; que superamos diferenciar entre nuestros caprichos y nuestras necesidades.
A mi madre no la conocí, pero gracias a ella aprendí a conocerme a mi mismo.
No la conocía, pero la amé y respeté hasta el último día que estuvimos juntos. La amé y respeté al igual que los hicieron mis hermanos, todos unidos ante su presencia y sólo puedo decirle… Gracias por no haberte conocido.
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A great piece of work that reminds me of my mom.
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