viernes, 28 de febrero de 2014

Presentación de la exposición "Los Caminos del Hombre" de Alejandro García

En 1824, así ya casi dos siglos, Nicéforó Niepce logró capturar por primera vez la luz y tomar la fotografía más antigua que se conoce. Posteriormente, se reúne con Luis Daguerre para dar una revolución al mundo del arte, el periodismo y la propia historia. Ese largo camino para lograr atrapar un momento de la vida nos lleva a este tiempo y este espacio, donde un joven fotógrafo expone por primera vez, en forma individual su obra. Los caminos del hombre, no son los caminos de Alejandro García, son nuestros propios caminos que nos han traído a enfrentarnos con la obra del ser humano. Cada una de las fotografías ahora presentadas ya no pertenece al ojo de Alejandro. Ahora pertenecen a cada uno de los espectadores. Ludovika no está sonriendo al que está atrás de la cámara, ahora me sonríe y me obliga regresarle una sonrisa franca. Ese neoyorquino que reza ante la virgen de Guadalupe está en perfecta comunión con nuestros hermanos que oran en un templo de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas. Y es entonces cuando surge la magia de la fotografía y del lente de Alejandro… nosotros oramos con ellos. Una de las grandes aportaciones de Alejandro es que retrata no sólo rostros y paisajes, retrata los valores más profundos del ser humano, esos valores tan olvidados y menos preciados por el mundo postmodernista que ahora vivimos. Cada retrato, cada fotografía de Alejandro es el retrato del alma, ventana por la que se asoma la alegría de un niño, el sudor de un hombre por conseguir el sustento para su familia o el amor que entrega una madre a su hijo en el caos de la urbe. Curiosamente, en toda la obra de Alejandro se ve al ser humano. Muchas veces no físicamente, pero sí ante la indecisión de tomar un camino, en las construcciones de cemento y hierro, en una escalera que nos lleva al infinito, de la cual nosotros podemos elegir el color y decidir cuál será nuestro propio destino. No podía faltar en esta exposición el amor que siente Alejandro por el espíritu lasallista, por su pasión por la educación y formación de jóvenes que en el futuro tomará las riendas de nuestra patria. Esa es la verdadera lucha de Alejandro y se refleja perfectamente en su obra… su amor y su confianza en la humanidad, sobre todo en los jóvenes. Gracias, Alejandro, por descubrir un mundo que ante nuestro ojo ha pasado desapercibido; gracias, Alejandro, por descubrir en cada una de tus fotografías nuestro propio ser. Indivisa manent.