lunes, 23 de junio de 2014

Responsabilidad Social y Cultural

El papel que juega la empresa moderna ha dejado de ser un simple promotor económico de la sociedad y basar su éxito en modelos cuantificables y medibles para convertirse en modelos culturales que están pendientes del desarrollo del individuo y de su entorno y medio ambiente. Ahora es necesario agregar elementos cualitativos que permitan a la empresa y al individuo trabajar por los valores culturales que se han heredado de generación en generación. A continuación se presenta un breve análisis de la responsabilidad que toda organización debe tener en la preservación de las culturas y de la importancia del lenguaje como medio de mantener los valores, creencias y costumbres de la sociedad. En los últimos años se acuñado el concepto de responsabilidad social para representar el compromiso que tiene las empresas con los valores éticos, las personas, el medio ambiente y la comunidad. Según Cajiga Calderón (S.F.), este concepto ha provocado analizar la función de las empresas desde una nueva perspectiva, una nueva forma “de hacer negocios, en la cual la empresa se ocupa de que sus operaciones sean sustentables en lo económico, lo social y lo ambiental, reconociendo los intereses de los distintos grupos con los que se relaciona” (p.2). Si bien es cierto que esta misión, que de alguna manera u otra ya estaba siendo una preocupación del sector empresarial, no puede estar completa si no se ve al ser humano dentro de un contexto cultural, no únicamente social, ambiental y ético. No puede dejarse pasar de lado que el ser humano es básicamente bio-cultural. Si bien es cierto que los hombres y mujeres son seres biológicos, con características heredadas genéticamente, también representa una herencia adquirida por contacto y aprendizaje, que se representa por medio de la cultura. La defensa de la cultura de los pueblos es básica para mantener la riqueza de conocimientos y experiencias que ésta aporta al ser humano. Para Mary Douglas, citada por Trockenbroch (s. f.) “toda cultura consiste de estructuras relacionales que comprenden: las formas sociales, los valores, la cosmología, la totalidad del conocimiento, a través del cual se mediatiza toda la experiencia” (p.1). En este sentido, perder cultura es perder conocimientos, experiencias y vivencias que aportan al ser humano la posibilidad de interpretar socialmente su realidad y medio ambiente. Un elemento básico de las culturas es lenguaje, ya que es por medio de él que las personas se identifican con un grupo social, étnico o geográfico. Es por esto que toda empresa está obligada a preservar y comprometerse no sólo son con los aspectos éticos, ambienales y sociales. La preservación y respeto a la cultura, y en especial el lenguaje, debe de formar parte de esta nueva cultura organizacional. Desgraciadamente, ahora es común oir conversaciones como “¿Tienes el check list para el focous grupo?”. Se han introducido al lenguaje cotidiano palabras que no tienen nada que ver con nuestro lenguaje: Mall, Marketing Support. Los tradicionales y típicos burritos de Chihuahua se han convertido en wraps. Los modelos de responsabilidad social incluyen cuatro ejes básicos: Ética y gobernabilidad empresarial; calidad de vida en la empresa; vinculación y compromiso con la comunidad y su desarrollo; y cuidado y preservación del medioambiente (Cajiga Calderón, s. f.), es necesario agregar la responsabilidad de mantener y preservar los valores culturales. Además, cada empresa debe fijar políticas para el uso del lenguaje, tanto en su comunicación interna como externa. No es suficiente que las organizaciones fije su misión, visión y valores si no están dirigidos a la preservación de la cultura y, por lo tanto, del lenguaje como máxima expresión de la cultura. Aún es tiempo, no poner atención ahora es perder algo fundamental del ser humano.

viernes, 28 de febrero de 2014

Presentación de la exposición "Los Caminos del Hombre" de Alejandro García

En 1824, así ya casi dos siglos, Nicéforó Niepce logró capturar por primera vez la luz y tomar la fotografía más antigua que se conoce. Posteriormente, se reúne con Luis Daguerre para dar una revolución al mundo del arte, el periodismo y la propia historia. Ese largo camino para lograr atrapar un momento de la vida nos lleva a este tiempo y este espacio, donde un joven fotógrafo expone por primera vez, en forma individual su obra. Los caminos del hombre, no son los caminos de Alejandro García, son nuestros propios caminos que nos han traído a enfrentarnos con la obra del ser humano. Cada una de las fotografías ahora presentadas ya no pertenece al ojo de Alejandro. Ahora pertenecen a cada uno de los espectadores. Ludovika no está sonriendo al que está atrás de la cámara, ahora me sonríe y me obliga regresarle una sonrisa franca. Ese neoyorquino que reza ante la virgen de Guadalupe está en perfecta comunión con nuestros hermanos que oran en un templo de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas. Y es entonces cuando surge la magia de la fotografía y del lente de Alejandro… nosotros oramos con ellos. Una de las grandes aportaciones de Alejandro es que retrata no sólo rostros y paisajes, retrata los valores más profundos del ser humano, esos valores tan olvidados y menos preciados por el mundo postmodernista que ahora vivimos. Cada retrato, cada fotografía de Alejandro es el retrato del alma, ventana por la que se asoma la alegría de un niño, el sudor de un hombre por conseguir el sustento para su familia o el amor que entrega una madre a su hijo en el caos de la urbe. Curiosamente, en toda la obra de Alejandro se ve al ser humano. Muchas veces no físicamente, pero sí ante la indecisión de tomar un camino, en las construcciones de cemento y hierro, en una escalera que nos lleva al infinito, de la cual nosotros podemos elegir el color y decidir cuál será nuestro propio destino. No podía faltar en esta exposición el amor que siente Alejandro por el espíritu lasallista, por su pasión por la educación y formación de jóvenes que en el futuro tomará las riendas de nuestra patria. Esa es la verdadera lucha de Alejandro y se refleja perfectamente en su obra… su amor y su confianza en la humanidad, sobre todo en los jóvenes. Gracias, Alejandro, por descubrir un mundo que ante nuestro ojo ha pasado desapercibido; gracias, Alejandro, por descubrir en cada una de tus fotografías nuestro propio ser. Indivisa manent.