Elsa era hermosa, realmente hermosa. No había nadie que se resistiera a su belleza. Por donde pasaba, su caminar atraía miradas. Era uno de esos casos extraños que atraía a todos, sin importar edad, sexo o condición social. Los niños la adoraban, los ancianos se sentían protegidos por ella. Todo hombre quisiera tenerla, aunque fuera por sólo un momento; no les importaba vera en compañía de otros hombres. En Elsa cabía perfectamente la frase de Milanés: “la prefiero compartida, antes de vaciar mi vida”.
¿Cuál era su atractivo? Nadie lo sabía. Su cuerpo pequeño era la envidia de altas y delgadas. Tampoco podía decirse que su cara fuera espectacular, pero todos buscaban sus besos y caricias, y ella se dejaba besar y acariciar por todos.
Elsa era la reina de las pasarelas. Empezó con pequeños concursos de belleza en su pequeña ciudad natal. Cuando recibió su primera banda que la acreditaba como la más hermosa, supo que tan solo era el principio de una larga lista de triunfos. Hizo todo lo posible por buscar nuevos horizontes, pero no tuvo que esforzarse mucho, pues más bien el horizonte la buscaba a ella.
Un concurso la llevó a otro concurso, hasta que la descubrió un cazador de talentos. Cuando Ricardo la vio supo que la quería, la amaba, no sólo como una mina de diamantes que significaba su belleza, sino como compañera para toda la vida.
Hizo todo lo posible por conquistarla. Los regalos nunca le faltaron a Elsa; las promesas de viajes por todo el mundo, una casa para ella sola, los mejores estilistas a sus pies, entrenadores particulares que le permitirían mantener sus encantos de por vida. Ni hablar de que los mejores diseñadores se pelearían por que Elsa utilizará sus creaciones. Por increíble que parezca, Elsa rechazaba la moda, su simpleza y sencillez era posiblemente uno de sus grandes atractivos.
La relación con Ricardo dio sus frutos. Ella tenía lo que quería: fama, comodidad,, lujos. Él contaba con la compañía fiel que siempre buscó; además, se llevaba buena parte del dinero que generaba Elsa como modelo y actriz. Sólo bastó encontrarle su primer anuncio de refrescos para que le llovieran los contratos. Primero anunciando toda clase de productos, ya fueran de belleza, limpieza o viajes; después, telenovelas y cine.
En ocasiones se sentía abrumada de tanta actividad. Aún cuando le gustaba la fama y el dinero, no había cosa que disfrutara más que quedarse en casa, tirada hasta tarde con Ricardo en la cama y holgazanear hasta que a él se le ocurriera salir a dar una vuelta por la ciudad.
A veces, Ricardo, sin avisarle ni pedirle opinión, llegaba con los boletos de avión para irse a pasar un fin de semana a una playa escondida; sólo ellos dos, a descansar del mundo de reflectores, pasarelas y periodistas. Esto es vida -pensaba Elsa- lejos de cualquier preocupación y horarios apretados.
Sin saber como, los contratos empezaron a escasear. Cada vez se espaciaban más las llamadas a escena. Los anuncios de comida dietética habían suplido a los de ejercicios o paquetes de viaje a Las Vegas. A Elsa no le preocupaba mucho; es más, daba gracias a esos largos periodos de descanso. Tampoco le importaba si lo que anunciaba era un nuevo champú que hacía ver su pelo más brilloso o si era una nueva colección de joyas.
Su única preocupación era que de pronto Ricardo empezó a representar a otros artistas. Estaba David, ese presumido que se ponía sus moños ante los reflectores; y que decir de Ana, que le tenían que llevar una cama especial para que descansara entre toma y toma. Paty era la peor de todas sus representadas. Se ponía tan furiosa que parecía que estaba a punto de darle la rabia y de morder si no le cumplían sus caprichos. No había nadie que se le acercaba si se encontraba de mal humor. Ricardo intentaba calmarla, pero no siempre con buenos resultados.
Si bien a Elsa le preocupaba que Ricardo atendiera a otros modelos, lo que a ella le interesaba era seguir siendo la dueña de la cama de Ricardo. En ocasiones le molestaba que se acercara a ella para acariciarla. Elsa le dirigía una mirada que, sin decir palabra, Ricardo sabía que significaba “Déjame en paz; hoy no tengo ganas”.
Su última aparición en público fue anunciando esa horrible comida. Por primera, y última vez, actuaba con Ricardo. Aún cuando el producto era horrible, modelar junto con Ricardo fue una bella despedida de los escenarios. En tan sólo 30 segundos, Elsa salía, comía croquetas en un plato y Ricardo decía “Con las croquetas Dog’s, Elsa produce eses más firmes y sin olor”.
Este fue su último trabajo. Elsa siguió siendo dueña de la cama de Ricardo, aún cuando él se dedicaba a entrenar y representar otros perros. Los dálmatas, pastores ingleses y fox terries no lograron quitar de su puesto a Elsa; ella tenía libre acceso a la casa, mientras que el resto de los perros esperaban impacientes en el patio para que alguien les llegara un plato de croquetas e hicieran eses fecales más firmes y sin olor. Ella siempre sería Elsa, la más bella.
sábado, 27 de junio de 2009
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